sábado, 20 de julho de 2013

El tiempo entre costuras, Maria Dueñas

Más de dos años después de que mi amiga Laura Ballesteros me sugiriera la lectura de “El tiempo entre costuras”, primera novela de la periodista Maria Dueñas, por fin la he leído.
Según sé están adaptándola a una serie de televisión. La verdad es que tiene chicha para ser transformada en algo más allá del libro. Tantos outfits, tantas imágenes sugestionadas del Madrid castizo y de Maruecos, esa mezcla de tonalidades, sabores y culturas de que nos habla la protagonista Sira Quiroga, que casi estoy deseando verla.

Este post os lo escribo el mismísimo 18 de julio de 2013, setenta y siete años después de que haya empezado la guerra civil española. La novela tiene como paño de fondo la pré, durante y pos-guerra, sobre todo la pos-guerra. Primero empieza por describir la pacata vida de Sira Quiroga en un castizo barrio madrileño como aprendiz de modista, luego conoce al seductor Ramiro (¿como puede alguien ser un seductor llevando encima un nombre tan feo?) y su vida da un giro. Siguen unos cuantos años y otras tantas aventuras en el Protectorado español en Marruecos. Y luego la vuelta a Madrid de los espías en la pós-guerra civil, con España haciéndose pasar por neutral, mientras alababa y colaboradora con Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial, y al poco tiempo empezaba guiñando un ojo a la Inglaterra de Churchil.

He leído novelas sobre la Guerra Civil Española mucho más interesantes. De hecho hay momentos en que la novela aburre un poco, lo que hizo que me quedara a media vela sin poder encontrar del todo interesante la mezcla de romances de Sira Quiroga con los hechos históricos y sus protagonistas reales: el cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, Juan Luis Beigbeder, el famoso embajador británico Samuel Hoare y unos cuantos espías que existieron de verdad.
Para el que está buscando informarse bien sobre la guerra y de cómo ha ido todo, al mismo tiempo que pretende pasarlo bien mientras disfruta de un romance entretenido y verosímil, esta no es la mejor novela. Pero si están buscando un romance que tutee a la guerra civil española  y que, además, aporte datos sobre como era la vida en ella, entonces “El tiempo entre costuras” es la compañía ideal para un par de noches. Además se deja leer muy bien y tiene un detalle curioso: normalmente- o según mi experiencia- la guerra civil como novela es abordada desde uno de los bandos: un carcelero, un guerrillero, una mujer enamorada y abandonada, una familia que va deshilando los hechos reales, mientras los mezcla con la ficción, pero siempre queda un sabor de pobreza y miseria. “El tiempo entre costuras”  huele a lujo, a telas de calidad, a gente perfumada y a meriendas con tartas de babear en esas pastelerías de Chamberrí, Salamanca o Castellana que al día de hoy siguen siendo inasequibles a los bolsillos de la gente de a pie de la calle.

Lo mejor de la novela, bajo mi punto de vista de orgullosa gata-lisboeta (como me llaman mis amigas gatísimas), vino a eso del capítulo cuarenta y algo, cuando a la protagonista le informan que tiene una misión en Lisboa. Es entonces cuando Sira Quiroga me hace sentir hormigas caminando a toda prisa por el estómago cuando dice lo siguiente:

“Callejeamos por una Lisboa llena de viento y luz, sin racionamiento ni cortes de electricidad, con flores, azulejos y puestos callejeros de verdura y fruta fresca. Sin solares repletos de escombros ni mendigos harapientos; sin marcas de obuses, sin brazos en alto ni yugos y flechas pintados a brochazos sobre los muros. Recorrimos zonas nobles y elegantes con anchas aceras de piedra y edificios señoriales vigilados por estatuas de reyes y navegantes: transitamos también por zonas populares con tortuosas callejas llenas de bullicio, geranios y olor a sardinas. Me sorprendió la majestuosidad del Tajo, el ulular de las sirenas del puerto y el chirriar de los tranvías. Me fascinó Lisboa, una ciudad un en paz ni en guerra: nerviosa, agitada, palpitante.”

Es decir, en poco menos de un párrafo describe a los años cuarenta en mis dos ciudades por adopción (una más que otra): Lisboa y Madrid.
Y esa luz de que habla la conozco muy bien. Por eso, os dejo no una foto de la portada del libro, sino una que hizo mi amiga Beatrice un día que nos dedicamos a recoger juntas una buena parte del casco antiguo en la zona del Castelo de São Jorge, Lisboa, en el pasado otoño del 2008 en que el frío tardó tanto en llegar .


Beatrice Andre

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